Ensayo · Historia de las ideas
Ensayo sobre la recepción crítica de Simón Bolívar en el marxismo y sobre los usos políticos de su figura (1858–2012).
Abstract
This essay examines how Simón Bolívar, a wealthy creole aristocrat (mantuano) educated in Spain, was read by Marxism and by twentieth-century Latin American politics. It documents Karl Marx’s hostile 1858 entry “Bolívar y Ponte”, its adoption as canon by Stalin-era Soviet historiography until its revision in 1959, and its circulation among Latin American communists from 1936 onwards. It then analyses the later appropriation of Bolívar by Fidel Castro and Hugo Chávez, drawing on Venezuelan historiography (Carrera Damas, Pino Iturrieta, Torres, Straka). It concludes that Bolívar’s thought is a historical philosophy, chronologically and doctrinally incompatible with Marxism and with any party programme, and that its political uses respond to the needs of each era rather than to his ideas.
Keywords: Simón Bolívar; Karl Marx; Marxist historiography; cult of Bolívar; political uses of the past; Castroism; Chavism; Venezuela.
Resumen
Este ensayo examina cómo fue leído Simón Bolívar —aristócrata criollo, mantuano, de una de las familias más ricas de Venezuela y educado en España— por el marxismo y por la política latinoamericana del siglo XX. Documenta la hostil entrada de Karl Marx de 1858, su adopción como canon por la historiografía soviética de la época de Stalin hasta su revisión en 1959, y su circulación entre los comunistas latinoamericanos desde 1936. Analiza después la apropiación de Bolívar por Fidel Castro y Hugo Chávez, a la luz de la historiografía venezolana. Concluye que el pensamiento de Bolívar es una filosofía histórica, incompatible —cronológica y doctrinalmente— con el marxismo y con cualquier programa de partido.
Palabras clave: Simón Bolívar; Karl Marx; historiografía marxista; culto a Bolívar; usos políticos del pasado; castrismo; chavismo; Venezuela.
1Introducción: un aristócrata ante sus lectores
Simón Bolívar nació en 1783 en una de las familias mantuanas —la aristocracia criolla de Caracas— más ricas de Venezuela: haciendas, minas y esclavos formaban parte del patrimonio familiar. Huérfano desde niño, completó su formación en España, frecuentó la corte de Madrid y, según relatan sus biógrafos, llegó a jugar a la pelota con el futuro rey Fernando VII. Fue, por origen, un hombre del antiguo orden que terminó encabezando su ruptura.
Ese origen ayuda a entender lo que sigue: durante casi un siglo, el pensamiento de izquierda no vio en Bolívar a un precursor, sino a un aristócrata, a un caudillo de ambiciones personales y a un militar de gobiernos fuertes. La pregunta es cómo esa figura terminó convertida, en el siglo XX, en emblema de proyectos políticos que en su origen la rechazaban.
Método y fuentes
El texto sigue un método histórico-documental, fiel al principio humanista ad fontes (volver a las fuentes), y se propone escribir sine ira et studio (sin ira ni parcialidad), como pedía Tácito. Se analizan fuentes primarias —el texto de Marx de 1858, la última proclama de Bolívar, discursos de Fidel Castro— y la historiografía especializada sobre la recepción de Bolívar: José Aricó, Germán Carrera Damas, Elías Pino Iturrieta, Ana Teresa Torres, Tomás Straka y Adrián Alvarado Boscán, entre otros. Se distingue en todo momento entre hechos documentados e interpretaciones. Este apartado establece, en suma, el status quaestionis (estado de la cuestión).
Bolívar contra el espíritu de partido
En el Manifiesto de Cartagena (1812) Bolívar atribuyó la caída de la Primera República, en buena parte, a las divisiones internas y al sistema federal. En el Discurso de Angostura (1819) hizo de la unidad la divisa de la república. Y en su última proclama, en diciembre de 1830, escribió que si su muerte contribuía «para que cesen los partidos y se consolide la unión», bajaría tranquilo al sepulcro.

2Resultados I: la crítica marxista (1858–1959)
2.1. Karl Marx, 1858
Por encargo de Charles Dana, Marx redactó la entrada «Bolívar y Ponte» para The New American Cyclopaedia (vol. III, 1858). Apoyado sobre todo en las memorias de dos detractores declarados de Bolívar, Ducoudray Holstein y Hippisley, lo retrató como un mantuano mezquino, ambicioso de poder, cobarde, traidor y con ínfulas monárquicas. Dana objetó el «estilo partidista» del texto y le pidió citar fuentes. En carta a Friedrich Engels del 14 de febrero de 1858, Marx fue aún más duro en sus insultos. No se conoce, en cambio, un juicio público de Engels sobre Bolívar.

2.2. La historiografía soviética de la época de Stalin
No se conoce una opinión escrita de Iósif Stalin sobre Bolívar. Pero durante su época, el juicio de Marx funcionó en la Unión Soviética como canon. Según José Aricó, el historiador soviético Vladímir Miroshevski y su escuela coincidían con la visión de Marx y la extendían a una valoración negativa de las propias guerras de independencia latinoamericanas. Solo tras la muerte de Stalin, la segunda edición rusa de las obras de Marx y Engels (1959) incluyó una severa crítica del artículo, atribuyendo sus errores a fuentes insuficientes y parciales. En los años sesenta, el historiador I. Lavretski publicó en Moscú una biografía favorable de Bolívar.
2.3. El comunismo latinoamericano
El texto de Marx fue casi desconocido en América Latina hasta 1936, cuando el argentino Aníbal Ponce, la figura más importante del marxismo de su país, lo publicó en el primer número de la revista Dialéctica. Desde entonces circuló entre los partidos comunistas del continente; estudios sobre el Partido Comunista Colombiano, por ejemplo, han analizado cómo sus intelectuales leyeron e interpretaron ese ensayo. Durante décadas, la izquierda marxista latinoamericana miró a Bolívar con desconfianza: un aristócrata criollo no encajaba con la revolución que imaginaba.
3Resultados II: de la desconfianza a la apropiación
A partir de los años sesenta y setenta, parte de la izquierda venezolana, al apartarse del Partido Comunista, rehabilitó a Bolívar como símbolo nacional. Tomás Straka recuerda que, hasta entonces, su figura había estado tradicionalmente asociada al pensamiento conservador y a las dictaduras. Germán Carrera Damas resumió el fenómeno de fondo: un «culto del pueblo» convertido en un «culto para el pueblo». Hay que subrayarlo: recurrir a Bolívar no ha sido exclusivo de las izquierdas; gobiernos de muy distinto signo, también conservadores y militares, lo hicieron desde finales del siglo XIX.
3.1. El Dr. Fidel Alejandro Castro Ruz
El Dr. Fidel Alejandro Castro Ruz expresó durante toda su vida admiración por Bolívar. En enero de 1959 eligió Caracas para su primer viaje como gobernante, y en febrero de 1999 declaró que Bolívar había inspirado siempre sus sueños de revolucionario latinoamericano. Como toda lectura a posteriori (hecha después) de una figura histórica, también la suya fue selectiva: tomó del Libertador ciertas ideas —la unidad continental, su célebre carta de 1829 sobre los Estados Unidos— y las integró en un proyecto político propio, el castrismo, de raíz marxista-leninista, que el Bolívar histórico no conoció ni habría podido conocer.
3.2. El señor Hugo Rafael Chávez Frías (1954–2013)
Hugo Rafael Chávez Frías hizo de Bolívar el centro de su discurso. Su proyecto se presentó sobre el «árbol de las tres raíces»: Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora. Se proclamó heredero de Bolívar en innumerables ocasiones; en 2010 ordenó exhumar sus restos —una decisión que la Academia Nacional de la Historia calificó como una grave falta de respeto— y en 2012 presentó un nuevo rostro «científico» del Libertador.
La historiografía venezolana ha estudiado ese proceso. Ana Teresa Torres, en La herencia de la tribu (2009), analizó cómo el mito de la independencia fue reconducido hacia la llamada Revolución Bolivariana; Adrián Alvarado Boscán ha examinado los debates en torno a la reconstrucción del rostro de Bolívar como un caso de imagen y poder. En síntesis, se propuso una nueva lectura de Bolívar y de Zamora, al servicio de un proyecto político propio, el chavismo. Para sus partidarios, aquel uso de Bolívar sirvió para recuperar una identidad nacional y una agenda social; para sus críticos, para legitimar el poder. Ni Bolívar ni Zamora fueron partidos: fueron hombres de su tiempo, de cuyas ideas se tomaron partes.
3.3. La lectura de la izquierda: sus argumentos
Para ser justos, hay que escuchar los argumentos de quienes leyeron a Bolívar desde la izquierda. En 1977 el historiador cubano Francisco Pividal ganó el Premio Casa de las Américas con Bolívar: pensamiento precursor del antiimperialismo, donde sostuvo que «existen dos Bolívar: el mantuano y el revolucionario». Esa lectura se apoya en hechos reales: Bolívar decretó en 1816 la libertad de los esclavos que se sumaran a la causa, ordenó en 1817 repartir bienes nacionales entre los soldados, reservó en 1829 la propiedad de las minas al Estado, convocó en 1826 el Congreso de Panamá para unir a los nuevos países y, ese mismo 1829, advirtió en una carta sobre las ambiciones de los Estados Unidos.
Son elementos auténticos de su obra, y es legítimo destacarlos. La historiografía los entiende, sin embargo, como reformas de un republicano ilustrado de su tiempo, no como un programa socialista. Reconocer que Bolívar tuvo preocupaciones sociales no lo convierte en antecesor de ninguna doctrina posterior; tampoco su origen mantuano lo reduce a un defensor de privilegios.
3.4. La lectura crítica: sus argumentos
Del otro lado, una corriente de historiadores venezolanos —lo que Tomás Straka ha llamado una «rebelión historiográfica»— cuestionó ese uso. En 2006 el historiador Manuel Caballero, que en su juventud había militado en la izquierda, publicó ¿Por qué no soy bolivariano?, una reflexión contra el culto patriótico. Para estos autores, convertir a Bolívar en emblema de gobierno sirvió para legitimar la concentración del poder y el personalismo, y para presentar a quien discrepaba como enemigo de la patria.
Las dos lecturas —la que ve en Bolívar a un precursor social y la que denuncia el uso político de su culto— contienen parte de la verdad, y ninguna la agota. Lo que aquí se sostiene es más modesto y, por eso mismo, compartible: Bolívar fue un hombre de su tiempo, y ninguna corriente del nuestro es su dueña.

Línea de tiempo
- 1812 · Manifiesto de Cartagena: Bolívar culpa a la división interna de la caída de la Primera República.
- 1830 · Última proclama: pide que «cesen los partidos».
- 1858 · Marx publica «Bolívar y Ponte».
- 1936 · Aníbal Ponce difunde el texto de Marx en América Latina.
- 1930–1950 · La historiografía soviética mantiene el juicio de Marx como canon.
- 1959 · La edición soviética de Marx critica su artículo; Fidel Castro visita Caracas.
- 1960–1970 · Parte de la izquierda venezolana rehabilita a Bolívar.
- 1969 · Carrera Damas publica El culto a Bolívar.
- 1999 · Venezuela adopta el nombre de República Bolivariana.
- 2009 · Ana Teresa Torres publica La herencia de la tribu.
- 2010–2012 · Exhumación de los restos y nuevo «rostro» de Bolívar.
4Discusión: incompatibilidades e imposibilidades
El análisis permite identificar cuatro límites que impiden convertir el pensamiento de Bolívar en programa de partido:
1. Imposibilidad cronológica. Bolívar murió en 1830; el marxismo se formuló después. El año de su muerte es, para cualquier lectura socialista de su obra, un terminus ante quem (límite anterior) infranqueable: atribuirle esas ideas es un anacronismo.
2. Incompatibilidad de origen y doctrina. Bolívar fue un aristócrata republicano, formado en la Ilustración, partidario de gobiernos fuertes —llegó a proponer una presidencia vitalicia en la Constitución de Bolivia de 1826— y no un teórico de la lucha de clases. Es cierto que liberó a sus propios esclavos y que en 1816 decretó la libertad de los que se sumaran a la causa: fue un reformador de su tiempo, no un revolucionario social del siglo XX.
3. Incompatibilidad entre sus propios «herederos». Bolívar defendió el centralismo y culpó al federalismo de la caída de la Primera República; Ezequiel Zamora fue, décadas después, caudillo de la Guerra Federal. Reunirlos en una sola raíz exige ignorar que defendieron modelos de Estado opuestos.
4. Incompatibilidad con el partidismo. Bolívar pidió en su última proclama que cesaran los partidos. Convertirlo en bandera de uno contradice su voluntad expresa: el bolivarianismo stricto sensu (en sentido estricto) —el pensamiento del propio Bolívar— no coincide con el bolivarianismo lato sensu (en sentido amplio) de los usos políticos posteriores.

Conclusiones
Primera: la izquierda marxista no nació bolivariana; durante casi un siglo, desde Marx en 1858 hasta la revisión soviética de 1959, vio en Bolívar a un aristócrata y a un caudillo. Segunda: la apropiación posterior fue selectiva y respondió a las necesidades políticas de cada época. Tercera: el pensamiento de Bolívar es una filosofía histórica, útil para pensar y edificar, pero no un programa de gobierno. Cuarta: la tarea de una institución de memoria es devolver cada figura a su tiempo, con sus luces y sus sombras.
Quinta: Bolívar no tiene por qué dividir a los venezolanos. Quien lo admira desde la izquierda y quien lo estudia desde la crítica pueden encontrarse en lo que él mismo pidió al despedirse: la unión. No se trata de buscar vencedores, sino una memoria compartida.
Así lo entiende la Sociedad Bolivariana del Estado Zulia, apolítica por estatuto: estudia a Bolívar como herencia de todos y no como propiedad de ninguna facción. Memoria et Lux: memoria y luz, no consigna.
Reto del historiador
Cinco preguntas para pensar la historia con libertad. Si aciertas cuatro, ¡ganas tu diploma!
1. ¿En qué año publicó Marx su entrada sobre Bolívar?
2. ¿Quién difundió el texto de Marx en América Latina en 1936?
3. ¿Cuándo revisó la URSS el juicio de Marx sobre Bolívar?
4. ¿Qué pidió Bolívar en su última proclama?
5. ¿Qué modelo de Estado defendía Bolívar, a diferencia de Zamora?
Sociedad Bolivariana del Estado Zulia
Diploma de Joven Historiador de las Ideas
Se otorga a
por completar el Reto del historiador y aprender a distinguir entre la memoria de Bolívar y los usos políticos de su nombre.
Essay · History of ideas
Bolivarianism: a philosophy, not a party
An essay on the Marxist reception of Simón Bolívar and of the political uses of his figure (1858–2012).
1Introduction
Bolívar was born in 1783 into one of the wealthiest mantuano families of Caracas, was educated in Spain and frequented the court in Madrid. For almost a century, Marxist thought saw in him an aristocrat and a caudillo, not a forerunner. In his last proclamation (1830) he asked that “the parties cease.”
2Results I: the Marxist critique (1858–1959)
Marx’s hostile entry “Bolívar y Ponte” (1858) relied on Bolívar’s declared detractors. No written opinion by Stalin on Bolívar is known, but in his era Soviet historiography (Miroshevski’s school) treated Marx’s view as canon; it was formally criticised only in the 1959 Russian edition of Marx’s works. Aníbal Ponce spread the text in Latin America in 1936.

3Results II: from distrust to appropriation
From the 1960s part of the Venezuelan left rehabilitated Bolívar. Dr. Fidel Alejandro Castro Ruz admired him and selectively integrated some of his ideas into Castroism. Hugo Rafael Chávez Frías (1954–2013) built his project on the “tree of three roots” (Bolívar, Rodríguez, Zamora), exhumed Bolívar’s remains in 2010 and presented a new “scientific” face in 2012. Venezuelan historians (Carrera Damas, Pino Iturrieta, Torres) have analysed this new reading. Left-wing historians such as Francisco Pividal (1977) stressed Bolívar’s social measures and his distrust of foreign power; critical historians such as Manuel Caballero (Why I am not Bolivarian, 2006) argued that the cult legitimised the concentration of power. Both readings hold part of the truth; neither owns Bolívar. Bolívar need not divide anyone: he asked, above all, for unity.
4Discussion and conclusions
Four limits prevent turning Bolívar’s thought into a party programme: chronology (he died before Marxism existed); origin and doctrine (an Enlightenment republican aristocrat, not a theorist of class struggle); contradictions among his “heirs” (Bolívar was a centralist, Zamora a federalist leader); and his own explicit rejection of parties. Bolívar’s thought is a historical philosophy, useful to think with, not a government programme. Memoria et Lux.
Historian challenge
Five questions to think about history freely. Get four right and win your diploma!
1. In which year did Marx publish his entry on Bolívar?
2. Who spread Marx’s text in Latin America in 1936?
3. When did the USSR revise Marx’s judgement on Bolívar?
4. What did Bolívar ask for in his last proclamation?
5. Which model of State did Bolívar defend, unlike Zamora?
Sociedad Bolivariana del Estado Zulia
Diploma of Young Historian of Ideas
Awarded to
for completing the Historian Challenge and learning to tell Bolívar’s memory apart from the political uses of his name.

