Crónicas de la Venezuela colonial · Entrega I
Devolvió un regalo de quesos, puso a temblar a contrabandistas y gobernadores, y en 1780 escribió a Madrid una carta que anunciaba lo que ocurriría treinta años después. Esta es la historia de José de Abalos, el primer intendente de Caracas.

¿Quién devuelve un regalo de quesos?
Un señor muy serio de Caracas lo hizo… ¡y además adivinó el futuro de Venezuela! Toca el botón y viaja al siglo XVIII.
Viaje en el tiempo
Desde Caracas le mandaban al rey tantos tigres de regalo que pidió que no le enviaran ni uno más.
Parte IUn regalo devuelto y una colonia en desorden
Un día, unos comerciantes de Curazao quisieron tener un detalle con el nuevo jefe de la economía de Caracas. Le mandaron un regalo pequeño, casi inocente: unos quesos.
El funcionario los devolvió con mucha cortesía. No era desprecio por el queso holandés. Sabía muy bien lo que viene detrás de un obsequio, y en aquella Venezuela del siglo XVIII casi todo funcionario tenía su precio.
El historiador Eduardo Arcila Farías lo resume así: aquel rechazo fue a la vez una lección para los suyos y un aviso para los extranjeros. El hombre de los quesos se llamaba José de Abalos. Y su historia explica cómo nació, antes que la Venezuela política, la Venezuela económica.
Una colonia con las cuentas en desorden
Para entender a Abalos hay que mirar antes el desorden que le tocó arreglar. Los tenientes de justicia, autoridades de los pueblos, tenían sus propias pulperías. A ellas les cobraban 30 pesos al año de licencia; a las de los demás, entre 30 y 100, aunque la ley no permitía más de 40. En Puerto Cabello se llegó a cobrar 600.
Los corregidores hacían pasar sus cosechas por indígenas, porque las comunidades indígenas no pagaban el impuesto de ventas. En los puertos se cobraban derechos que nunca llegaban a los libros. Y en la Real Hacienda había cuentas sin cerrar desde hacía más de quince años.
Por encima de todo estaba la Compañía Guipuzcoana, la empresa vasca que tenía el monopolio del comercio con España. Sus agentes, dice el autor, sabían pagar muy bien el trato de favor que recibían.
La respuesta de Carlos III llegó el 8 de diciembre de 1776: la Intendencia de Caracas. Unió en lo económico a las provincias de Venezuela, Maracaibo, Cumaná, Guayana, Trinidad y Margarita. Fue un año antes de que quedaran unidas en lo militar y lo político bajo Caracas. El mapa económico del futuro país se dibujó primero.
El intendente no era un simple cobrador de impuestos. Mandaba sobre rentas, gastos, comercio, agricultura, población y economía de guerra. Por encima de él solo estaba el rey. Era inevitable que los gobernadores lo miraran con recelo.
Parte IIEl contador inflexible
El contador que no quería volver
Abalos ya conocía Caracas. Entre 1771 y 1774 fue allí contador de la Real Hacienda. En 1772 revisó las cajas reales, es decir, la tesorería del rey, y descubrió un faltante. Los señalados eran el contador interino Juan Vicente Bolívar y Manuel de Salas.

En la corte quedaron encantados. Abalos escribió además un reglamento de 66 artículos para cobrar mejor los impuestos, y el rey lo aprobó sin cambiar una coma. Al gobernador que intentó estorbarlo le llegó una nota seca: si había retrasos, él respondería por ellos.
Aquel contador sin títulos tenía en Madrid más crédito que el propio gobernador de Caracas. Y sin embargo no quería volver. En 1774 regresó a España, pidió no servir más en América y lo nombraron intendente de Palencia.
Cuando se creó la Intendencia de Caracas, lo llamaron a ocuparla. Aceptó a su pesar. El rey le dio honores de mariscal de campo y lo dijo con todas las letras: en atención a su mérito y a «la resignación con que se ha conformado». Desembarcó en La Guaira el 22 de agosto de 1777 y tomó posesión el 1 de octubre.
Puertos abiertos por la puerta de atrás
Su llegada no gustó a nadie. Todos sabían lo inflexible que era. Persiguió el contrabando sin descanso, revisó permisos y facturas y exigió a sus empleados una disciplina casi militar. El pánico, cuenta Arcila Farías, alcanzó a contrabandistas, funcionarios poco limpios, agentes de la Guipuzcoana y hasta a los gobernadores.
Desde el púlpito, el padre Terrero, portavoz de los conservadores, lo llamó «azote de la justicia divina».
Pero Abalos no solo prohibía. Una real orden de 1777 permitió a los hacendados comprar esclavos en las colonias extranjeras del Caribe a cambio de frutos del país. Fue, con toda su crudeza, un comercio de seres humanos. Y fue también, por esa puerta de atrás, la primera vez que los puertos venezolanos se abrieron al comercio con colonias extranjeras.
El efecto fue inmediato. Los barcos venezolanos, antes ociosos en Puerto Cabello, ya no daban abasto, y hubo que comprar diez más. Coro vendió miles de mulas. Barinas, que siempre había comerciado por Maracaibo, consiguió por primera vez paso libre por los ríos hacia Guayana.
¿Sabías que…? La costumbre de regalar llegaba hasta el trono. Los vasallos de Caracas enviaban al rey aves, animales raros y fieras. Llegaron tantos tigres que el monarca ordenó al gobernador que no dejara mandar más: no tenía dónde alojarlos, eran muy caros de mantener y había tenido que mandar matar los últimos que le habían llegado.
Parte IIILa guerra, el cacao y un Cabildo en llamas
En 1779 España entró en guerra con Inglaterra y el mar se volvió peligroso. La Guipuzcoana subió de golpe sus precios hasta un 40% y dejó de comprar cacao a los productores. Solo compraba a intermediarios suyos, que pagaban a los agricultores precios miserables.
Abalos obligó a la Compañía a comprar directamente a los cosecheros. Ella obedeció a medias: pagaba la mitad en mercancías. Cuando se le acabaron, volvió a cerrar la bolsa.
Entonces el intendente hizo algo audaz. Usó el dinero del Tesoro para comprar él mismo las cosechas a precio regulado y para traer víveres y telas a precios razonables. El Estado se convirtió en comprador y vendedor. El cacao dejó de caer, los precios básicos no se dispararon y la Compañía, asustada por la competencia, volvió a sus negocios.
El Cabildo de Caracas no se lo agradeció. Sus sesiones fueron «violentas y tumultuosas» y Abalos fue blanco de sus ataques. Diecisiete años después, ese mismo Ayuntamiento lo proclamaría salvador de Venezuela.
Parte IVLa carta que vio venir 1810
El 27 de septiembre de 1780, Abalos se sentó a escribir al ministro de Indias, José de Gálvez. Según Arcila Farías, ningún funcionario se había atrevido a hablar a la Corona con un lenguaje tan crudo.
La carta acusaba a la Guipuzcoana de no haber cumplido nunca sus obligaciones en cincuenta años. Solo traía, decía, la tercera parte de lo que necesitaba la provincia, y eso «de lo peor, lo más ordinario y lo más caro». Pero lo más grave venía después.
«El nombre del rey, el de sus ministros y todos los españoles, se oye por estos patricios con el mayor tedio, aversión y desafecto solamente por la permanencia de la Compañía.»
Abalos no culpó de ese malestar a la propaganda inglesa ni a los filósofos franceses, como sería costumbre más tarde. Lo atribuyó al régimen económico y a la política colonial de la propia España. Y lanzó su advertencia:
«Si S. M. no les concede o les dilata el libre comercio sobre que suspiran, no puede contar sobre la fidelidad de estos vasallos.»
Añadió que no era «un vaticinio vano», sino el fruto de conocer la tierra de cerca. Y que quien dominara Caracas, Cumaná y Trinidad sería señor de toda esa parte del continente. Para Arcila Farías, Abalos fue «acaso el primer hombre» que vio venir la pérdida de América.

La carta no cayó en el vacío. En Madrid soplaban vientos de reforma. No habían pasado cinco meses cuando, en febrero de 1781, el rey suprimió los privilegios de la Compañía.
Ciento noventa y seis mil pesos y una profecía cumplida
En 1783, cansado y enfermo, Abalos pidió el relevo y se retiró a Maiquetía. Allí, el 22 de agosto, entregó el cargo a su sucesor, Francisco de Saavedra.
Al llegar había encontrado deudas y una administración desorganizada. Al irse dejó en la Tesorería de Caracas 196.000 pesos, sin un solo débito.
Después de él vinieron otros cinco intendentes titulares. El último, Vicente Basadre, tomó posesión el 1 de mayo de 1809. No llegó a cumplir un año: los revolucionarios de 1810 lo depusieron. Abalos lo había anunciado, como subraya el autor, treinta años antes del 19 de abril.
Palabras de la época
- Intendencia: oficina que dirigía el fisco y toda la economía de una región; su jefe, el intendente, solo respondía ante el rey.
- Real Hacienda: el tesoro del rey y la administración que lo cobraba y lo gastaba.
- Alcance: faltante de dinero que aparece al revisar unas cuentas.
- Alcabala: impuesto sobre las ventas; las comunidades indígenas estaban exentas.
- Cabildo: el concejo municipal, también llamado Ayuntamiento.
- Comercio libre: reforma que permitía comerciar entre muchos puertos de España y América sin monopolios. No era libertad total de comercio.
Un hombre que no aceptaba ni unos quesos ordenó las cuentas de Venezuela y, mirando su economía, vio antes que nadie que la colonia empezaba a dejar de serlo.
Crónicas de la Venezuela colonial: una serie en ocho entregas
- I. El intendente que rechazó unos quesos · estás aquí
- II. El orgullo y el monopolio del tabaco · próximamente
- III. Rumbo a Guadalupe: barcos fantasma y comercio libre · próximamente
- IV. El Real Consulado, primer ensayo de gobierno · próximamente
- V. Vidas en los libros de cuentas · próximamente
- VI. Flotas, corsarios y cacao · próximamente
- VII. Un pirata bienvenido y un río prohibido · próximamente
- VIII. De quién era la tierra · próximamente
Mitos y verdades
Sobre José de Abalos y su época circulan ideas que no son ciertas. Toca cada tarjeta para descubrir la verdad.
Línea de tiempo
- 1772Abalos revisa las cajas reales de Caracas y descubre un faltante.
- 1776El 8 de diciembre, Carlos III crea la Intendencia de Caracas.
- 1777Abalos llega a La Guaira y el 1 de octubre toma posesión como primer intendente.
- 1779Guerra con Inglaterra; la Guipuzcoana sube sus precios hasta un 40%.
- 1780El 27 de septiembre, Abalos escribe a Gálvez la carta que anuncia la pérdida de América.
- 1781En febrero, la Compañía Guipuzcoana pierde sus privilegios.
- 1783Abalos se retira y deja 196.000 pesos en la Tesorería de Caracas.
- 1810La revolución depone a Vicente Basadre, último intendente.
Reto del explorador
Cinco preguntas para jóvenes exploradores. Si aciertas cuatro, ¡ganas tu diploma!
1. ¿Qué regalo devolvió Abalos a unos comerciantes de Curazao?
2. ¿Qué rey creó la Intendencia de Caracas en 1776?
3. Cuando la Compañía dejó de comprar cacao, ¿qué hizo Abalos con el dinero del Tesoro?
4. ¿A quién escribió Abalos su famosa carta de 1780?
5. ¿Cuántos años antes del 19 de abril de 1810 anunció Abalos lo que iba a pasar?
Sociedad Bolivariana del Estado Zulia
Diploma de Joven Explorador de la Historia
Se otorga a
por completar el Reto del explorador sobre José de Abalos, el intendente que rechazó unos quesos
Chronicles of Colonial Venezuela · Part I
Chronicle I · The intendant who turned down some cheeses and foresaw Venezuela’s independence
He sent back a present of cheeses, made smugglers and governors tremble, and in 1780 wrote a letter to Madrid that foretold what would happen thirty years later. This is the story of José de Abalos, the first intendant of Caracas.

Who sends back a present of cheese?
A very serious gentleman in Caracas did… and he also guessed Venezuela’s future! Tap the button and travel to the 18th century.
Journey through time
People in Caracas sent the king so many tigers as gifts that he asked them not to send a single one more.
Part IA gift sent back and a colony in disarray
One day, some merchants from Curaçao wanted to make a gesture to the new head of the Caracas economy. They sent him a small, almost innocent present: some cheeses.
The official sent them back with great courtesy. It was not contempt for Dutch cheese. He knew very well what comes after a gift, and in that 18th-century Venezuela almost every official had his price.
The historian Eduardo Arcila Farías sums it up like this: that refusal was at once a lesson for his own people and a warning to foreigners. The man of the cheeses was called José de Abalos. And his story explains how economic Venezuela was born before political Venezuela.
A colony with its accounts in disarray
To understand Abalos, you first have to look at the disorder he had to fix. The justice lieutenants, the authorities in the towns, had their own general stores, or pulperías. They charged their own stores a licence of 30 pesos a year; everyone else’s, between 30 and 100, even though the law allowed no more than 40. In Puerto Cabello the charge reached 600.
The corregidores passed off their own harvests as those of Indigenous people, because Indigenous communities did not pay the sales tax. In the ports, duties were collected that never reached the books. And at the Royal Treasury there were accounts that had been left open for more than fifteen years.
Above it all stood the Guipuzcoana Company, the Basque firm that held the monopoly on trade with Spain. Its agents, the author says, knew how to pay handsomely for the favours they received.
Charles III’s answer came on 8 December 1776: the Intendancy of Caracas. It united the provinces of Venezuela, Maracaibo, Cumaná, Guayana, Trinidad and Margarita economically. That was a year before they were united militarily and politically under Caracas. The economic map of the future country was drawn first.
The intendant was no mere tax collector. He had authority over revenues, spending, trade, agriculture, population and the war economy. Only the king stood above him. It was inevitable that the governors would eye him with suspicion.
Part IIThe unbending accountant
The accountant who did not want to come back
Abalos already knew Caracas. Between 1771 and 1774 he had been accountant of the Royal Treasury there. In 1772 he audited the royal coffers, that is, the king’s treasury, and discovered a shortfall. Those held responsible were the acting accountant Juan Vicente Bolívar and Manuel de Salas.

The court was delighted. Abalos also wrote a 66-article regulation to collect taxes more effectively, and the king approved it without changing a comma. The governor who tried to obstruct him received a curt note: if there were delays, he would answer for them.
That untitled accountant had more standing in Madrid than the governor of Caracas himself. And yet he did not want to come back. In 1774 he returned to Spain, asked not to serve in America any more and was appointed intendant of Palencia.
When the Intendancy of Caracas was created, he was called to fill it. He accepted reluctantly. The king gave him the honours of a field marshal and spelled it out: in consideration of his merit and of “the resignation with which he has complied”. He landed at La Guaira on 22 August 1777 and took office on 1 October.
Ports opened by the back door
Nobody liked his arrival. Everyone knew how unbending he was. He pursued smuggling relentlessly, checked permits and invoices and demanded almost military discipline from his staff. The panic, Arcila Farías relates, reached smugglers, crooked officials, agents of the Guipuzcoana and even the governors.
From the pulpit, Father Terrero, spokesman for the conservatives, called him “a scourge of divine justice”.
But Abalos did not only forbid things. A royal order of 1777 allowed landowners to buy enslaved people in the foreign colonies of the Caribbean in exchange for the country’s produce. It was, in all its harshness, a trade in human beings. And it was also, through that back door, the first time Venezuelan ports were opened to trade with foreign colonies.
The effect was immediate. Venezuelan ships, once idle in Puerto Cabello, could no longer keep up, and ten more had to be bought. Coro sold thousands of mules. Barinas, which had always traded through Maracaibo, won free passage along the rivers to Guayana for the first time.
Did you know…? The custom of giving gifts reached all the way to the throne. The king’s subjects in Caracas sent him birds, rare animals and wild beasts. So many tigers arrived that the monarch ordered the governor not to let any more be sent: he had nowhere to house them, they were very expensive to keep and he had had to order the last ones that reached him to be killed.
Part IIIWar, cacao and a town council in uproar
In 1779 Spain went to war with England and the sea became dangerous. The Guipuzcoana suddenly raised its prices by as much as 40% and stopped buying cacao from the producers. It bought only from its own middlemen, who paid the farmers miserable prices.
Abalos forced the Company to buy directly from the growers. It only half obeyed: it paid half in goods. When those ran out, it closed its purse again.
Then the intendant did something bold. He used Treasury money to buy the harvests himself at a regulated price and to bring in food and cloth at reasonable prices. The State became a buyer and a seller. Cacao stopped falling, basic prices did not soar and the Company, frightened by the competition, went back to business.
The Cabildo, the town council of Caracas, did not thank him for it. Its sessions were “violent and tumultuous” and Abalos was the target of its attacks. Seventeen years later, that same council would proclaim him the saviour of Venezuela.
Part IVThe letter that saw 1810 coming
On 27 September 1780, Abalos sat down to write to the Minister of the Indies, José de Gálvez. According to Arcila Farías, no official had ever dared to speak to the Crown in such blunt language.
The letter accused the Guipuzcoana of never having met its obligations in fifty years. It brought in, he said, only a third of what the province needed, and that “of the worst, the most ordinary and the most expensive”. But the gravest part came next.
“The name of the king, that of his ministers and of all Spaniards is heard by these patricians with the greatest weariness, aversion and disaffection, solely because of the Company’s continued presence.”
Abalos did not blame that discontent on English propaganda or French philosophers, as would later become customary. He put it down to the economic regime and the colonial policy of Spain itself. And he issued his warning:
“If His Majesty does not grant them, or delays, the free trade for which they yearn, he cannot count on the loyalty of these vassals.”
He added that this was not “an idle prophecy” but the fruit of knowing the land at close quarters. And that whoever controlled Caracas, Cumaná and Trinidad would be master of that whole part of the continent. For Arcila Farías, Abalos was “perhaps the first man” to see the loss of America coming.

The letter did not fall on deaf ears. Winds of reform were blowing in Madrid. Less than five months later, in February 1781, the king abolished the Company’s privileges.
One hundred and ninety-six thousand pesos and a prophecy fulfilled
In 1783, tired and ill, Abalos asked to be relieved and withdrew to Maiquetía. There, on 22 August, he handed the post over to his successor, Francisco de Saavedra.
On arrival he had found debts and a disorganised administration. When he left, he left 196,000 pesos in the Caracas Treasury, without a single debit.
After him came five more titular intendants. The last, Vicente Basadre, took office on 1 May 1809. He did not last a year: the revolutionaries of 1810 deposed him. Abalos had foretold it, as the author stresses, thirty years before 19 April.
Words of the time
- Intendencia (intendancy): the office that ran the public finances and the whole economy of a region; its head, the intendant, answered only to the king.
- Real Hacienda (Royal Treasury): the king’s treasury and the administration that collected and spent it.
- Alcance: a shortfall of money that turns up when accounts are audited.
- Alcabala: a tax on sales; Indigenous communities were exempt.
- Cabildo: the town council, also called the Ayuntamiento.
- Comercio libre (free trade): a reform that allowed trade between many ports in Spain and America without monopolies. It was not complete freedom of trade.
A man who would not accept even a few cheeses put Venezuela’s accounts in order and, looking at its economy, saw before anyone else that the colony was beginning to stop being one.
Chronicles of Colonial Venezuela: a series in eight parts
- I. The intendant who turned down some cheeses · you are here
- II. Pride and the tobacco monopoly · coming soon
- III. Bound for Guadeloupe: ghost ships and free trade · coming soon
- IV. The Real Consulado, a first rehearsal of government · coming soon
- V. Lives in the account books · coming soon
- VI. Fleets, corsairs and cacao · coming soon
- VII. A welcome pirate and a forbidden river · coming soon
- VIII. Whose land it was · coming soon
Myths and truths
Some ideas about José de Abalos and his times are not true. Tap each card to discover the truth.
Timeline
- 1772Abalos audits the royal coffers of Caracas and discovers a shortfall.
- 1776On 8 December, Charles III creates the Intendancy of Caracas.
- 1777Abalos arrives at La Guaira and on 1 October takes office as the first intendant.
- 1779War with England; the Guipuzcoana raises its prices by up to 40%.
- 1780On 27 September, Abalos writes Gálvez the letter that foretells the loss of America.
- 1781In February, the Guipuzcoana Company loses its privileges.
- 1783Abalos retires and leaves 196,000 pesos in the Caracas Treasury.
- 1810The revolution deposes Vicente Basadre, the last intendant.
The Explorer’s Challenge
Five questions for young explorers. Get four right and win your diploma!
1. What present did Abalos send back to some merchants from Curaçao?
2. Which king created the Intendancy of Caracas in 1776?
3. When the Company stopped buying cacao, what did Abalos do with Treasury money?
4. Who did Abalos write his famous 1780 letter to?
5. How many years before 19 April 1810 did Abalos foretell what would happen?
Bolivarian Society of Zulia State
Young History Explorer Diploma
Awarded to
for completing the Explorer’s Challenge on José de Abalos, the intendant who turned down some cheeses