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Crónicas de la Venezuela colonial

Crónica I · El intendente que rechazó unos quesos y predijo la independencia de Venezuela

Crónicas de la Venezuela colonial · Entrega I

Devolvió un regalo de quesos, puso a temblar a contrabandistas y gobernadores, y en 1780 escribió a Madrid una carta que anunciaba lo que ocurriría treinta años después. Esta es la historia de José de Abalos, el primer intendente de Caracas.

Plano manuscrito de 1778 de la serranía entre Caracas y la costa de La Guaira
La montaña que separaba Caracas del puerto de La Guaira, adonde llegó Abalos en agosto de 1777. Plano levantado para un proyecto de defensa. Imagen: Agustín Crame, 1778. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

¿Quién devuelve un regalo de quesos?

Un señor muy serio de Caracas lo hizo… ¡y además adivinó el futuro de Venezuela! Toca el botón y viaja al siglo XVIII.

Viaje en el tiempo

Desde Caracas le mandaban al rey tantos tigres de regalo que pidió que no le enviaran ni uno más.

Parte IUn regalo devuelto y una colonia en desorden

Un día, unos comerciantes de Curazao quisieron tener un detalle con el nuevo jefe de la economía de Caracas. Le mandaron un regalo pequeño, casi inocente: unos quesos.

El funcionario los devolvió con mucha cortesía. No era desprecio por el queso holandés. Sabía muy bien lo que viene detrás de un obsequio, y en aquella Venezuela del siglo XVIII casi todo funcionario tenía su precio.

El historiador Eduardo Arcila Farías lo resume así: aquel rechazo fue a la vez una lección para los suyos y un aviso para los extranjeros. El hombre de los quesos se llamaba José de Abalos. Y su historia explica cómo nació, antes que la Venezuela política, la Venezuela económica.

Una colonia con las cuentas en desorden

Para entender a Abalos hay que mirar antes el desorden que le tocó arreglar. Los tenientes de justicia, autoridades de los pueblos, tenían sus propias pulperías. A ellas les cobraban 30 pesos al año de licencia; a las de los demás, entre 30 y 100, aunque la ley no permitía más de 40. En Puerto Cabello se llegó a cobrar 600.

Los corregidores hacían pasar sus cosechas por indígenas, porque las comunidades indígenas no pagaban el impuesto de ventas. En los puertos se cobraban derechos que nunca llegaban a los libros. Y en la Real Hacienda había cuentas sin cerrar desde hacía más de quince años.

Por encima de todo estaba la Compañía Guipuzcoana, la empresa vasca que tenía el monopolio del comercio con España. Sus agentes, dice el autor, sabían pagar muy bien el trato de favor que recibían.

La respuesta de Carlos III llegó el 8 de diciembre de 1776: la Intendencia de Caracas. Unió en lo económico a las provincias de Venezuela, Maracaibo, Cumaná, Guayana, Trinidad y Margarita. Fue un año antes de que quedaran unidas en lo militar y lo político bajo Caracas. El mapa económico del futuro país se dibujó primero.

El intendente no era un simple cobrador de impuestos. Mandaba sobre rentas, gastos, comercio, agricultura, población y economía de guerra. Por encima de él solo estaba el rey. Era inevitable que los gobernadores lo miraran con recelo.

Parte IIEl contador inflexible

El contador que no quería volver

Abalos ya conocía Caracas. Entre 1771 y 1774 fue allí contador de la Real Hacienda. En 1772 revisó las cajas reales, es decir, la tesorería del rey, y descubrió un faltante. Los señalados eran el contador interino Juan Vicente Bolívar y Manuel de Salas.

Mapa manuscrito de la ciudad de Caracas fechado en 1772
«Exacto mapa de la ciudad de Caracas», de 1772, el año de la revisión de cuentas de Abalos. Se conserva en el Archivo General de Indias, en Sevilla. Imagen: atribuido a Juan Vicente Bolívar y Ponte, 1772. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

En la corte quedaron encantados. Abalos escribió además un reglamento de 66 artículos para cobrar mejor los impuestos, y el rey lo aprobó sin cambiar una coma. Al gobernador que intentó estorbarlo le llegó una nota seca: si había retrasos, él respondería por ellos.

Aquel contador sin títulos tenía en Madrid más crédito que el propio gobernador de Caracas. Y sin embargo no quería volver. En 1774 regresó a España, pidió no servir más en América y lo nombraron intendente de Palencia.

Cuando se creó la Intendencia de Caracas, lo llamaron a ocuparla. Aceptó a su pesar. El rey le dio honores de mariscal de campo y lo dijo con todas las letras: en atención a su mérito y a «la resignación con que se ha conformado». Desembarcó en La Guaira el 22 de agosto de 1777 y tomó posesión el 1 de octubre.

Puertos abiertos por la puerta de atrás

Su llegada no gustó a nadie. Todos sabían lo inflexible que era. Persiguió el contrabando sin descanso, revisó permisos y facturas y exigió a sus empleados una disciplina casi militar. El pánico, cuenta Arcila Farías, alcanzó a contrabandistas, funcionarios poco limpios, agentes de la Guipuzcoana y hasta a los gobernadores.

Desde el púlpito, el padre Terrero, portavoz de los conservadores, lo llamó «azote de la justicia divina».

Pero Abalos no solo prohibía. Una real orden de 1777 permitió a los hacendados comprar esclavos en las colonias extranjeras del Caribe a cambio de frutos del país. Fue, con toda su crudeza, un comercio de seres humanos. Y fue también, por esa puerta de atrás, la primera vez que los puertos venezolanos se abrieron al comercio con colonias extranjeras.

El efecto fue inmediato. Los barcos venezolanos, antes ociosos en Puerto Cabello, ya no daban abasto, y hubo que comprar diez más. Coro vendió miles de mulas. Barinas, que siempre había comerciado por Maracaibo, consiguió por primera vez paso libre por los ríos hacia Guayana.

¿Sabías que…? La costumbre de regalar llegaba hasta el trono. Los vasallos de Caracas enviaban al rey aves, animales raros y fieras. Llegaron tantos tigres que el monarca ordenó al gobernador que no dejara mandar más: no tenía dónde alojarlos, eran muy caros de mantener y había tenido que mandar matar los últimos que le habían llegado.

Parte IIILa guerra, el cacao y un Cabildo en llamas

En 1779 España entró en guerra con Inglaterra y el mar se volvió peligroso. La Guipuzcoana subió de golpe sus precios hasta un 40% y dejó de comprar cacao a los productores. Solo compraba a intermediarios suyos, que pagaban a los agricultores precios miserables.

Abalos obligó a la Compañía a comprar directamente a los cosecheros. Ella obedeció a medias: pagaba la mitad en mercancías. Cuando se le acabaron, volvió a cerrar la bolsa.

Entonces el intendente hizo algo audaz. Usó el dinero del Tesoro para comprar él mismo las cosechas a precio regulado y para traer víveres y telas a precios razonables. El Estado se convirtió en comprador y vendedor. El cacao dejó de caer, los precios básicos no se dispararon y la Compañía, asustada por la competencia, volvió a sus negocios.

El Cabildo de Caracas no se lo agradeció. Sus sesiones fueron «violentas y tumultuosas» y Abalos fue blanco de sus ataques. Diecisiete años después, ese mismo Ayuntamiento lo proclamaría salvador de Venezuela.

Parte IVLa carta que vio venir 1810

El 27 de septiembre de 1780, Abalos se sentó a escribir al ministro de Indias, José de Gálvez. Según Arcila Farías, ningún funcionario se había atrevido a hablar a la Corona con un lenguaje tan crudo.

La carta acusaba a la Guipuzcoana de no haber cumplido nunca sus obligaciones en cincuenta años. Solo traía, decía, la tercera parte de lo que necesitaba la provincia, y eso «de lo peor, lo más ordinario y lo más caro». Pero lo más grave venía después.

«El nombre del rey, el de sus ministros y todos los españoles, se oye por estos patricios con el mayor tedio, aversión y desafecto solamente por la permanencia de la Compañía.»

— José de Abalos, carta a José de Gálvez, 1780

Abalos no culpó de ese malestar a la propaganda inglesa ni a los filósofos franceses, como sería costumbre más tarde. Lo atribuyó al régimen económico y a la política colonial de la propia España. Y lanzó su advertencia:

«Si S. M. no les concede o les dilata el libre comercio sobre que suspiran, no puede contar sobre la fidelidad de estos vasallos.»

— José de Abalos, 1780

Añadió que no era «un vaticinio vano», sino el fruto de conocer la tierra de cerca. Y que quien dominara Caracas, Cumaná y Trinidad sería señor de toda esa parte del continente. Para Arcila Farías, Abalos fue «acaso el primer hombre» que vio venir la pérdida de América.

Retrato de Carlos III de España por Anton Raphael Mengs
Carlos III, el rey que creó la Intendencia de Caracas y que, meses después de la carta de Abalos, quitó sus privilegios a la Guipuzcoana. Museo del Prado. Imagen: Anton Raphael Mengs, hacia 1774. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

La carta no cayó en el vacío. En Madrid soplaban vientos de reforma. No habían pasado cinco meses cuando, en febrero de 1781, el rey suprimió los privilegios de la Compañía.

Ciento noventa y seis mil pesos y una profecía cumplida

En 1783, cansado y enfermo, Abalos pidió el relevo y se retiró a Maiquetía. Allí, el 22 de agosto, entregó el cargo a su sucesor, Francisco de Saavedra.

Al llegar había encontrado deudas y una administración desorganizada. Al irse dejó en la Tesorería de Caracas 196.000 pesos, sin un solo débito.

Después de él vinieron otros cinco intendentes titulares. El último, Vicente Basadre, tomó posesión el 1 de mayo de 1809. No llegó a cumplir un año: los revolucionarios de 1810 lo depusieron. Abalos lo había anunciado, como subraya el autor, treinta años antes del 19 de abril.

Palabras de la época

  • Intendencia: oficina que dirigía el fisco y toda la economía de una región; su jefe, el intendente, solo respondía ante el rey.
  • Real Hacienda: el tesoro del rey y la administración que lo cobraba y lo gastaba.
  • Alcance: faltante de dinero que aparece al revisar unas cuentas.
  • Alcabala: impuesto sobre las ventas; las comunidades indígenas estaban exentas.
  • Cabildo: el concejo municipal, también llamado Ayuntamiento.
  • Comercio libre: reforma que permitía comerciar entre muchos puertos de España y América sin monopolios. No era libertad total de comercio.

Un hombre que no aceptaba ni unos quesos ordenó las cuentas de Venezuela y, mirando su economía, vio antes que nadie que la colonia empezaba a dejar de serlo.

Crónicas de la Venezuela colonial: una serie en ocho entregas

  • I. El intendente que rechazó unos quesos · estás aquí
  • II. El orgullo y el monopolio del tabaco · próximamente
  • III. Rumbo a Guadalupe: barcos fantasma y comercio libre · próximamente
  • IV. El Real Consulado, primer ensayo de gobierno · próximamente
  • V. Vidas en los libros de cuentas · próximamente
  • VI. Flotas, corsarios y cacao · próximamente
  • VII. Un pirata bienvenido y un río prohibido · próximamente
  • VIII. De quién era la tierra · próximamente

Ver todas las crónicas publicadas →

Mitos y verdades

Sobre José de Abalos y su época circulan ideas que no son ciertas. Toca cada tarjeta para descubrir la verdad.

Línea de tiempo

  1. 1772Abalos revisa las cajas reales de Caracas y descubre un faltante.
  2. 1776El 8 de diciembre, Carlos III crea la Intendencia de Caracas.
  3. 1777Abalos llega a La Guaira y el 1 de octubre toma posesión como primer intendente.
  4. 1779Guerra con Inglaterra; la Guipuzcoana sube sus precios hasta un 40%.
  5. 1780El 27 de septiembre, Abalos escribe a Gálvez la carta que anuncia la pérdida de América.
  6. 1781En febrero, la Compañía Guipuzcoana pierde sus privilegios.
  7. 1783Abalos se retira y deja 196.000 pesos en la Tesorería de Caracas.
  8. 1810La revolución depone a Vicente Basadre, último intendente.

Reto del explorador

Cinco preguntas para jóvenes exploradores. Si aciertas cuatro, ¡ganas tu diploma!

1. ¿Qué regalo devolvió Abalos a unos comerciantes de Curazao?

2. ¿Qué rey creó la Intendencia de Caracas en 1776?

3. Cuando la Compañía dejó de comprar cacao, ¿qué hizo Abalos con el dinero del Tesoro?

4. ¿A quién escribió Abalos su famosa carta de 1780?

5. ¿Cuántos años antes del 19 de abril de 1810 anunció Abalos lo que iba a pasar?

Fuentes

  • Arcila Farías, Eduardo. Economía colonial de Venezuela, tomo II. Caracas: Banco Central de Venezuela, 2017 (1.ª ed. 1946), págs. 11–36.
  • Crame, Agustín. Plano de la serranía entre Caracas y la costa de la Guaira, 1778. Dominio público, vía Wikimedia Commons.
  • Exacto mapa de la ciudad de Caracas, 1772, atribuido a Juan Vicente Bolívar y Ponte. Archivo General de Indias. Dominio público, vía Wikimedia Commons.
  • Mengs, Anton Raphael. Carlos III, hacia 1774. Museo del Prado. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Texto: Redacción SBZ · © Sociedad Bolivariana del Estado Zulia. Todos los derechos reservados; se permiten citas breves con mención de la fuente (Términos de uso). Las imágenes conservan sus propios derechos.